30-6-2012
CRÓNICAS DE LUZ Y DE SOMBRAS
LUCIANO ÁLVAREZ
Adolf Hitler se consideraba un artista y no perdía ocasión, dice Ian Kershaw, de exponer largamente sus «opiniones precipitadas y repletas de tópicos sobre el arte y la cultura, ámbitos en los que […] no era más que un dogmático sabelotodo.» Buena parte de su pandilla de gángsters también lo era; Joseph Goebbels en primer lugar. El Ministro de Propaganda y Educación Popular del Reich, tenía, al menos, algunos méritos académicos y capacidad de observación y análisis sobre las artes y la comunicación de masas. Sin embargo, aun desde su poder absoluto no fue capaz de producir obras que le trascendieran, salvo los documentales de Leni Riefenstahl, a quien odiaba, o una canción popular contra la que luchó inútilmente.
Para contar esta historia hay que remontarse a 1915. Durante la Primera Guerra Mundial Hans Leip, un joven maestro, fue destinado al frente ruso. Como tenía vocación de escritor -publicaría varios libros de poesía y novelas de aceptable éxito- escribió un poema de despedida. Dicen que la destinataria era la hija de un verdulero o quizás una enfermera que habría conocido en su puesto de centinela, quizás las dos o ninguna; poco importa. El poema se llamó «Canción de un joven soldado de guardia» y se publicó recién en 1937. Es entonces cuando aparece el segundo protagonista de esta historia: Norbert Schultze, un compositor que, apoyándose en su talento y un carné del partido nazi, gozaba de gran éxito. Cada triunfo, cada fasto del régimen, cada película propagandística, contó con una composición de Schultze o una canción patriótica.
Ignoro como se procesó la idea de convertir el melancólico poema de Leip en canción. Lo cierto es que en 1938 Schultze le puso música, la rebautizó «La muchacha bajo el farol» y se propuso que la interpretara una joven cantante en ascenso: Lale Andersen. En principio ésta rechazó el ofrecimiento. Por otro lado, Hans Leip, no sólo consideraba que el poema se encontraba entre lo peor que había escrito, sino que estaba convencido que no debía ser cantado por una mujer puesto que se trataba del canto de un soldado. Schultze terminó por convencer a ambos y cuando estaba por comenzar la Segunda Guerra mundial el disco salió a la venta. Fue un fracaso, apenas se vendieron 700 copias y la canción parecía destinada al basurero de la historia.
Las versiones difieren sobre lo que sucedió posteriormente. Una dice que un oficial del Africa Corp llevó el disco en su equipaje y logró compartirlo con sus camaradas de armas. Incluso se menciona su nombre: el teniente Karl Heinz Reintgen. Cuando fue trasladado a la recién ocupada Yugoslavia acercó el disco a los encargados de programación de Radio Belgrado, una potente emisora que los nazis usaban como vehículo propagandístico. Otras versiones afirman que «La muchacha bajo el farol» llegó dentro de un paquete de discos que tenía la advertencia: «pasados de moda».
Como el programador de la radio tenía poco material no tuvo más remedio que apelar a ese paquete y a partir del 18 de agosto de 1941 la canción comenzó a ser emitida con regularidad. El éxito fue sorprendente. Los soldados mandaban centenares de cartas a la radio pidiendo una y otra vez que emitieran aquella canción que ellos terminaron por llamar simplemente «Lili Marleen».
El suceso llegó hasta los oídos de Hitler y Goebbels que consideraron los versos «macabros» y la melodía excesivamente sentimental, poco apta para levantar la moral y el espíritu combativo del ejército. Parece ser que Goebbels rompió personalmente una de las dos matrices del disco y ordenó que se levantara de la programación. Inmediatamente los soldados, que nada sabían de «política cultural», enviaron miles de cartas de protesta.
Goebbels no pasaba por un momento de apogeo y lo último que quería era un enfrentamiento con los soldados. De modo que pensó una alternativa: hizo grabar una versión que la convertía en una marcha militar y ordenó que se la usara como sintonía de cierre de la emisión de Radio Belgrado, a las 21,55. Nuevas protestas, los soldados querían la de Lale Andersen. Goebbels se dio por vencido.
Unos meses más tarde, el 21 de junio de 1942 las fuerzas de Erwin Rommel conquistaron Tobruk, situada en la actual Libia. En su huida, los ingleses no cortaron los altavoces callejeros que transmitían el programa de la estación militar de El Cairo; casualmente, para la mayor sorpresa de los alemanes, se escuchaba Lili Marleen, pero en inglés.
¿Qué había sucedido? Debido a la potencia de Radio Belgrado, los soldados aliados también escucharon la canción y el tema terminó siendo adoptado en ambos frentes. En 1942 la BBC encargó a Tommie Connor, uno de los compositores más populares, una versión en inglés que fue grabada por Anne Shelton; en pocas semanas se vendieron un millón de discos. En 1944 Perry Como la convirtió en éxito en los Estados Unidos.
En Alemania Lale Andersen se hizo famosa, pero, durante una gira por Italia, trató de exiliarse en Suiza. La Gestapo se enteró y Goebbels le hizo saber que aquello sería el final de su carrera, que sería internada en un campo de concentración. Andersen contaría más tarde: «Pensé que lo mejor era terminar cuanto antes y tomé todos los somníferos que tenía: volví a recobrar el sentido tres semanas más tarde.» Mientras tanto los servicios secretos británicos se enteraron del hecho y la BBC informó que la cantante había sido asesinada en un campo de concentración. Goebbels utilizó la noticia como demostración de las sistemáticas mentiras de sus enemigos y Lale Andersen volvió a actuar en público, pero debía presentarse dos veces por semana a la Gestapo.
Hans Leip, autor de la letra escapó de Alemania cuando caía el régimen y terminó radicado en Suiza, odiando la canción. Murió a los 89 años en Fruthwilen, a orillas del lago Constanza.
El éxito de Lili Maleen también ayudó al compositor, Norbert Schultze, que fue sólo observado levemente por el tribunal de desnazificación, lo que le permitió seguir cobrando los derechos de autor hasta su muerte en 2002.
Una vez le preguntaron a Lale Andersen sobre las razones de la inmensa popularidad de Lili Marleen. «¿Acaso puede el viento explicar cómo se convirtió en tempestad?», respondió.
La muchacha bajo el farol
02/Jul/2012
El País, Uruguay, Luciano Alvarez